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domingo, 25 de febrero de 2024

 



Desperté con el corazón latiendo con fuerza, el sudor perlado en mi frente mientras intentaba recuperar el aliento. Había sido otra noche de sueños lúcidos, pero esta vez fue diferente. Esta vez, me encontré sumergido en la piel de una mujer llamada Carol.



Al principio, mis sueños eran como neblina, difusos e indescifrables, pero con el tiempo descubrí que podía moldearlos a mi antojo, convirtiéndolos en experiencias tan reales como la vida misma, viviendo la vida de Carol. Cada noche, al caer en los brazos del sueño, me encontraba transportado a un mundo paralelo donde yo era Carol, desde el amanecer hasta el momento de ir a la cama, donde nuevamente despertaba como yo. En este mundo onírico, me sumergía completamente en la existencia de Carol, sintiendo sus emociones, enfrentando sus desafíos y saboreando cada pequeño instante de alegría que ella experimentaba. Era como si viviera dos vidas en una, cada una tan vívida y real como la otra, pero una perteneciente al mundo de los sueños y la otra al mundo despierto.


En este mundo onírico en e cada noche que me despertaba como Carol, me encontraba asumiendo el complejo rol de madre, ama de casa y esposa. Al principio, resultaba desconcertante escuchar el dulce eco de "mamá" y recibir el afecto de aquel hombre que, en esta ensoñación, era mi esposo. La transición hacia la encarnación de un papel femenino me resultaba incómoda y poco aceptable, pues chocaba con mi identidad arraigada en el mundo real. No obstante, a medida que las noches me mandabana este mundo , me adentraba con mayor facilidad en este papel ficticio, recordándome constantemente la fugacidad de esta realidad y la eventualidad de mi regreso a mi yo verdadero.

Con el tiempo, fui aprendiendo a desenvolverme en esta vida como mujer, tomado las responsabilidades cotidianas que conllevaba su rol: desde preparar el desayuno para la familia hasta velar por el bienestar del hogar. A pesar de la inicial incomodidad, descubrí un extraño sentido de familiaridad y calma al sumergirme en este mundo onirico, como si encontrara un refugio temporal en medio de las incertidumbres de mi vida real.


A lo largo del día, compartía momentos de complicidad con mi familia. Disfrutaba de cenas románticas con mi esposo David, saboreando cada bocado de comida casera y compartiendo risas y conversaciones íntimas. También pasaba tiempo de calidad con mis hijas, compartiendo secretos de chicas y creando recuerdos inolvidables juntas. Cada momento era una bendición, una oportunidad de conexión y amor incondicional.

Durante mis sueños lúcidos como Carol, cada detalle era nítido y realista, como si estuviera viviendo en carne propia la vida de esta mujer. Podía sentir el peso de la brocha en mi mano mientras aplicaba meticulosamente el maquillaje, cada trazo y cada tono cuidadosamente elegido para realzar mi belleza. El calor reconfortante del sol acariciaba mi piel durante mis sesiones de ejercicio al aire libre, mientras sentía cómo cada músculo se activaba y respondía al esfuerzo. Y al final del día, al deslizarme bajo las sábanas en la cama, podía sentir su suavidad envolviéndome.


Pero lo más asombroso y quizás impactante fue la intensidad de las experiencias sexuales en este mundo onírico. Cada encuentro  donde el calor del deseo ardía en cada mirada y cada caricia. Sentir el calor del miembro de mi espos deslizándose dentro de mí coño,  el sabor y la textura de su semen en mi boca, y el estallido abrumador de un orgasmo que me hacía despertar con el corazón galopando en el pecho.


 En esos momentos, la línea entre la realidad y la fantasía se desdibujaba tanto que a veces me costaba recordar que todo era simplemente sueño que mi mente creaba. Cada sensación, cada emoción, tan vívida y real que la distinción entre el sueño y la realidad se volvía borrosa e irrelevante.


Pero entonces llegó la noche del sueño final. Regresando del trabajo en una solitaria noche, me encontré frente al espejo de mi habitación. Sin embargo, en lugar de mi propio reflejo, vi a Carol mirándome fijamente desde el otro lado. Sentí una mezcla de miedo y asombro al contemplar su presencia en el espejo, pero también una extraña sensación de calma al darme cuenta de que podía controlar mi destino incluso en este extraño mundo onírico.


Con determinación, decidí enfrentar lo que fuera que estuviera por venir y me dirigí a la cama, cerrando los ojos con la esperanza de que esta noche fuera diferente. Al dormirme, me sumergí una vez más en la piel de Carol, 


Pasé otra vez asumiendo el papel de Carol una vez más, siguiendo su rutina meticulosamente como madre y esposa. Desde preparar el desayuno para la familia hasta asegurarme de que todos estuvieran listos para el día, me sumergí en las responsabilidades y las pequeñas alegrías de su vida cotidiana. Aunque sabía que este sueño era diferente, que algo estaba por suceder, continué con la normalidad aparente, tratando de no dejar que la anticipación perturbara mi calma.


Pronto llegó la noche, y me preparé para irme a la cama como Carol una vez más, sintiendo una mezcla de nerviosismo y expectativa. Cerré los ojos con la esperanza de que al despertar, volvería a ser yo mismo, dejando atrás esta vida prestada y regresando a mi verdadera identidad. Con ese pensamiento reconfortante en mente, me dejé llevar por el sueño, listo para el inevitable despertar que marcaría el final de esta extraordinaria experiencia.


Al despertar, me encontré en la cama, pero esta vez no como yo mismo, sino como Carol. La habitación, el hogar, todo era igual, no había regresado a mi yo verdadero. Mientras luchaba por comprender lo que acababa de experimentar, una sensación de incredulidad y desconcierto se apoderaba de mí. Intenté en vano dormir otra vez, esperando despertar en mi propia realidad, pero cada vez que cerraba los ojos, solo encontraba la misma escena: era Carol.


El miedo y la frustración se apoderaron de mí mientras me enfrentaba a la dura verdad de mi situación. ¿Cómo era posible que estuviera atrapado en la vida de otra persona, incluso en el mundo de los sueños? Cada intento de cambiar mi destino resultaba inútil, y una sensación de impotencia comenzaba a hacer mella en mi espíritu.


A medida que pasaban las horas y los días, me sumergí más y más en la vida de Carol, tratando desesperadamente de encontrar una explicación lógica para lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, cada esfuerzo era en vano, y me encontré enfrentando una realidad que desafiaba toda lógica y razón.


A pesar de mi confusión y desesperación, una parte de mí empezaba a aceptar mi nueva vida como Carol. Aunque no entendía cómo ni por qué me encontraba en esta situación, decidí abrazarla con valentía y determinación. Después de todo, si esta era mi realidad ahora, entonces debía encontrar la manera de hacer lo mejor de ella y seguir adelante.


Y así, continué mi vida ahora en el cuerpo de Carol, viviendo completamente su existencia de una manera que jamás hubiera imaginado, incluso en un sueño lúcido se podría hacer realidad. Ya estaba completamente familiarizado con esta vida, ahora la experimentaba las 24 horas del día, los 7 días de la semana.


A veces, en mis sueños, recuerdo fragmentos de mi vida pasada, pero ahora esos recuerdos parecen distantes y borrosos en comparación con la realidad que estoy viviendo como Carol.


Mi única preocupación ahora es ser una esposa y madre ejemplar. Me esfuerzo cada día por cuidar de mi familia y crear un hogar lleno de amor y felicidad. Aunque todavía me sorprende haberme encontrado en esta situación, estoy decidido a hacer lo mejor con esta nueva vida que se me ha presentado.

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