🗯RECUERDEN QUE SUBIMOS DE 3 A 4 CAP, CADA FIN DE SEMANA 🗯

lunes, 12 de enero de 2026

 Nunca creí en las historias de mis tías. Siempre hablaban de mi madre como si hubiera sido dos personas distintas: la chica brillante y callada… y luego, de pronto, alguien impulsiva, provocadora, irreconocible.

Hasta que desperté siendo ella.

Yo: ¿…qué?

La voz que salió de mi boca no era la mía. Era más suave, más joven. El techo tampoco era el de mi cuarto. Las paredes estaban llenas de pósters viejos, ropa tirada sobre una silla, un espejo de cuerpo entero apoyado contra la pared.

Me levanté de la cama… o al menos lo intenté. El peso de mi cuerpo era distinto me sentia mas legero. Mi centro de gravedad había cambiado. Miré mis manos: dedos más finos, uñas mordidas. Bajé la vista lentamente.

No era posible.

Era su cuerpo.

Yo: No… no, no, no…

Corrí al espejo. El reflejo me devolvió un rostro que conocía de fotos antiguas: mi madre a los 18 años. Joven. Demasiado joven. El cabello largo, los ojos llenos de una seguridad que yo nunca le había visto en el presente.

Yo: Esto es un sueño… ¿verdad?

Me toqué la cara, los brazos, la cintura. Todo reaccionaba. Todo era real.

Entonces lo recordé.

El objeto. El hechizo absurdo que encontré en el desván de la abuela. “Ver el origen es cargar con la causa”. Me había reído. Siempre fui curioso. Siempre pensé que entender el pasado lo explicaba todo.

Ahora estaba atrapado en él.

Me senté en la cama, respirando hondo. Mi mente era la mía, pero mi cuerpo… reaccionaba de otra forma. Cada movimiento se sentía más consciente, más expuesto. Había una sensibilidad constante, como si el mundo estuviera demasiado cerca de la piel.

Yo: Así que… ¿esto sentías tú?

Caminé hasta el baño. Cada paso me recordaba que no estaba hecho para este cuerpo, y aun así… el cuerpo parecía saber exactamente cómo moverse. Frente al espejo, me observé con una mezcla de distancia y fascinación. No era deseo, era extrañeza. Identidad fracturada.

Las historias volvieron a mi cabeza.

“Tu mamá a los 18 era un puta.”

“No paraba quieta.”

“Cambió de golpe.”

Yo: ¿Fuiste tú… o soy yo?

La idea me golpeó con fuerza. ¿Y si ese cambio no fue una decisión suya? ¿Y si siempre fui yo? Un intruso en su pasado, empujando su historia en una dirección que ya conocía.



​La curiosidad, sin embargo, empezó a ganarle al miedo. Como chico de dieciocho años, estar en el cuerpo de una mujer hermosa era una fantasía imposible, pero estar en el cuerpo de mi propia madre era una paradoja perturbadora que, extrañamente, despertaba mis sentidos.

​Me deslicé fuera de la camiseta. Mis ojos recorrieron cada centímetro de este nuevo paisaje de carne. La piel era tan suave que parecía seda. Al pasar mis manos por mis costados, hacia la curva de mis caderas, solté un gemido involuntario.

Yo: (Cerrando los ojos, sintiendo un hormigueo eléctrico) Es... es demasiado sensible. Cada roce se siente como un disparo directo al cerebro.

​Me acosté de nuevo en la cama, explorando las diferencias. La biología femenina era un universo nuevo. Al tocarme, no había la urgencia explosiva y directa que conocía como hombre; era un calor lento, una marea que subía desde mis muslos y se instalaba en mi vientre, pidiendo más.


Yo: (Jadeando) Si tengo que hacer esto por seis años... si tengo que asegurar que yo nazca... tendré que aprender a ser ella mejor que nadie.



El poder que sentía era embriagador. Los hombres me miraban con un hambre que yo mismo había sentido antes, pero estar del otro lado era... adictivo. Un chico se me acercó, un tipo de chaqueta de cuero que probablemente mi madre nunca habría mirado en su estado "normal".

​Chico: Te he estado mirando toda la noche, Elena. Pareces... diferente. Como si supieras un secreto.

​Yo: (Con una voz que no era mía, pero que manejaba con una intuición natural) Tal vez lo sé. ¿Quieres averiguarlo?

​Terminamos en su auto. Fue mi primera vez como mujer, y la experiencia fue un choque tectónico en mi identidad. Sentir la fuerza de un hombre sobre mí, la forma en que mi cuerpo se moldeaba y recibía, fue una revelación. No era solo sexo; era como si cada nervio de este cuerpo femenino estuviera diseñado para absorber y amplificar cada sensación.

​Yo: (Pensando mientras sentía el ritmo del encuentro) Así que esto es lo que sentía ella... No, esto es lo que siento YO. Soy yo el que está grabando estos recuerdos en su carne.

​Relataba internamente la diferencia: el placer no era solo un punto, era una experiencia total, un eco que resonaba en todo mi cuerpo. Me sentía poderosa al ver cómo este hombre perdía el control ante "mí", mientras yo, en mi mente de hijo/viajero, mantenía la fría convicción de que estaba esculpiendo mi propio destino.


Semanas después, frente al espejo del baño, tras otra noche de excesos, me miré fijamente a los ojos. El vapor empañaba el reflejo, pero aun así podía verme con claridad. Ya no buscaba a mi madre en esa imagen. Me buscaba a mí.


—Mis tías tenían razón —murmuré, hablándole al reflejo—. Te volviste una puta, mamá. Pero es porque yo te obligué a serlo.

La verdad cayó con un peso insoportable: mi sacrificio era total. Durante los próximos años tendría que vivir cada aventura, aceptar cada toque y atravesar cada noche de desenfreno para mantener la línea de tiempo intacta.
 Me convertiría en la mujer más deseada y más escandalosa de la ciudad solo para asegurar que, a los veinticuatro años, estuviera en el lugar exacto, con la actitud correcta, para atraer al hombre que sería mi padre.
Yo era el hijo que creó a su madre.
El hombre que aprendió a ser mujer para poder nacer.
Mientras acariciaba este cuerpo —mi prisión y mi templo— sonreí con una certeza amarga: el placer y la condena de mi existencia eran obra mía.
Días después entendí algo peor.
Tenía que conocerlo.

No ahora. No todavía. Pero algún día tendría que mirar a los ojos al hombre que sería mi padre. Y si alteraba demasiado las cosas, si me desviaba del guion… yo mismo podría dejar de existir.
—Tengo que seguir el guion —me repetía—, aunque no lo entienda.
La vida como ella era intensa. Las miradas en la calle, los comentarios velados, la forma en que los demás asumían cosas solo por su cuerpo. 

 
Los años pasaron de forma extraña, como si el tiempo supiera que tenía un destino fijo. Cuidé cada paso, cada relación importante. Dejé que ciertas cosas ocurrieran, incluso cuando sabía cómo terminarían.
Y cuando por fin lo vi —al hombre que reconocí por fotografías antiguas— supe que el círculo estaba a punto de cerrarse.
—Perdóname —susurré— si alguna vez te empujé a ser alguien que no elegiste




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión es inportante para el equipo del blog, puesdes cometar si gustas ⬆️⬇️