La habitación de Ian olía a lo de siempre: pizza fría y el ligero zumbido de la consola. Pero la presencia sentada en el puf de al lado era algo totalmente nuevo. Jacob ya no existía; en su lugar estaba Jane, una mujer que parecía haber florecido de golpe en una madurez vibrante. Su piel era tersa, su cabello caía en ondas castañas y su cuerpo proyectaba la seguridad de una mujer de treinta años, a pesar de que sus recuerdos de "mejor amigo" aún estaban frescos.
Jane dejó el control sobre la alfombra y miró de reojo hacia la puerta cerrada. Sabía que el padre de Ian, el señor Miller, estaba en la cocina, solo, como todas las noches desde hacía años.
Jane: Oye, Ian... ¿alguna vez te has puesto a pensar en lo solo que está tu papá?
Ian: (Sin apartar la vista de la pantalla) Mi viejo está bien, Jane. Se acostumbró a la rutina. Además, ahora que trabajas con tu mamá en la florería, deberías traerle algo para que la casa no parezca un búnker.
Jane: No hablo de flores, tonto. Hablo de compañía. De una mujer.
Ian: (Ríe con ironía) ¿Mi papá? Por favor. No ha tenido una cita en una década. Es un caso perdido.
Jane: (Se acomoda el cabello detrás de la oreja, sonriendo de lado) No creo que sea un caso perdido. Solo necesita el estímulo adecuado. De hecho... estaba pensando que ahora que técnicamente soy una "milf", ¿podría salir con tu papá?
Ian soltó el mando. El personaje en la pantalla murió instantáneamente, pero a él no le importó. Giró la cabeza tan rápido que casi se lastima el cuello.
Ian: ¿Qué acabas de decir? Jane, por el amor de Dios, ¡era mi mejor amigo hace seis meses!
Jane: (Con voz suave y melódica) Era, Ian. El pasado es pasado. Mírame. No soy Jacob. Soy Jane. Pasé por una transformación que ni yo misma entiendo del todo, pero mis instintos... mis impulsos femeninos, están gritando.
Ian: Es mi padre, Jane. ¡Es raro! Es más que raro, es una violación a todas las leyes de la amistad.
Jane: (Se levanta y camina con elegancia hacia el espejo de la habitación, acariciando sus propias caderas) ¿Raro? ¿Por qué? Mírame bien, Ian. Tengo treinta años en apariencia. Tengo estas caderas que no mienten, estos senos que llenan cualquier blusa y, aunque te cueste escucharlo... sigo siendo virgen en este cuerpo. ¿Qué hombre en su sano juicio se resistiría a eso?
Ian: ¡Yo no quiero escuchar sobre tu vagina, Jane! ¡Cállate!
Jane: (Se ríe, una risa profunda y femenina) No seas infantil. Estoy siendo honesta contigo porque eres mi mejor amigo. Siento una atracción eléctrica por él. Y no me digas que él no lo nota. Cada vez que llego a visitarte y paso por la sala, siento su mirada.
Ian: Mi papá es un caballero. Él no...
Jane: (Interrumpiéndolo) Tu papá es un hombre. Y cada vez que entro con mis jeans ajustados, sus ojos se clavan en mi trasero. Cuando me inclino para saludarlo, no puede evitar mirar mi busto. Lo he visto tensarse, Ian. He visto cómo se le corta la respiración.
Ian: Estás loca. Estás absolutamente loca por las hormonas.
Jane: No es locura, es deseo. Quiero hacerlo feliz. Sé que podría darle lo que nadie le ha dado en años. Imagínatelo: yo, llegando de la florería, oliendo a jazmines, esperándolo con una cena y... bueno, con todo lo demás. Mis impulsos me piden ser poseída por un hombre de verdad, alguien con experiencia, alguien como él.
Ian: (Se cubre la cara con las manos) Esto es una pesadilla. Si sales con él, ¿qué se supone que serás? ¿Mi madrastra?
Jane: (Caminando hacia él y poniendo una mano en su hombro) Sería la mujer que cuida a tu padre. Y tú seguirías siendo mi mejor amigo. ¿Acaso no quieres que él deje de estar triste? ¿No quieres que deje de suspirar frente a la televisión todas las noches?
Ian: Quiero que sea feliz, pero no a costa de que mi mejor amigo se convierta en la persona que... que hace ruidos en la habitación de al lado.
Jane: ¿Por qué no? Soy una mujer soltera, hermosa y, honestamente, él me encanta. Me gusta cómo se le marcan las canas y esa mirada de hombre serio que pone cuando cree que nadie lo ve. Me pone muy nerviosa... de la buena manera. Me imagino cómo serían sus manos grandes apretando mis senos, o cómo me tomaría de la cintura con fuerza para... ya sabes.
Ian: ¡Jane! ¡Detente! ¡Es demasiada información sobre mi propio padre!
Jane: (Riendo, sentándose de nuevo muy cerca de él, dejando que el roce de su brazo lo ponga nervioso) Oh, vamos. Imagínate la situación. Yo podría ser tu "madrastra". Te dejaría jugar hasta tarde y te daría los mejores consejos. Pero fuera de bromas, Ian... mis impulsos femeninos están fuera de control. Realmente deseo tener sexo con él. Quiero saber qué se siente ser poseída por un hombre de verdad, y tu padre es el candidato perfecto para estrenar este cuerpo.
Ian: Estás loca. Mi papá se moriría de un infarto si se entera de quién eras antes.
Jane: Al contrario. Creo que le encantaría el "giro de la trama". Además, mírame bien. (Ella tomó la mano de Ian y la obligó a sentir la firmeza de su muslo). No queda nada de ese chico. Soy Jane. Y piénsalo, Ian... ¿qué hombre en su sano juicio rechazaría lo que yo ofrezco? Soy una mujer de treinta años en su punto máximo, pero con el tesoro de una virgen.
Ian: (Tragando saliva, desviando la mirada) ¿A qué te refieres con eso?
Jane: (Con voz sugerente) Me refiero a que mi vagina está intacta, Ian. Es estrecha, perfecta, esperando a ser reclamada. Los hombres se vuelven locos por la idea de ser los primeros, y más cuando viene en un paquete como el mío. Es un arma de seducción infalible. Y si por alguna razón extraña su moral fuera más fuerte que su deseo y no lograra conquistarlo con eso... bueno, siempre puedo ser más atrevida. Si mi frente no lo convence, tal vez un poco de juego anal lo haga rendirse por completo. Ningún hombre dice que no a una mujer hermosa que está dispuesta a todo por él.
Ian: (Tapándose los oídos) ¡No puedo creer que estemos hablando de sexo anal y de mi padre en la misma frase! ¡Basta!
Jane: (Guiñando un ojo, divertida) Solo estoy siendo realista. Tengo un arsenal completo para que pierda la cabeza. Esta noche, cuando me vaya, voy a "olvidar" mi bolso en el sofá. Así tendré una excusa perfecta para volver más tarde, cuando tú estés fuera entrenando fútbol... y ver si él tiene el valor de invitarme a pasar a su habitación para mostrarle de qué soy capaz.
Ian: Esto es surrealista. ¿Realmente crees que tienes oportunidad después de que te vio crecer?
Jane: Ian, querido... con estas caderas, este busto y este deseo que tengo acumulado, tu padre no tiene ninguna oportunidad de decirme que no. En cuanto sienta lo estrecha que soy y lo mucho que lo deseo, olvidará cualquier escrúpulo. ¿Apostamos?
Ian: (Suspirando, volviendo a su juego para intentar ignorar el calor en sus mejillas) Solo... solo te pido que no me cuentes los detalles mañana. No quiero saber nada de lo que pase en esa habitación.
Jane: (Levantándose con un contoneo que hacía que su vestido se ciñera a sus curvas) No prometo nada, Ian. Pero no te sorprendas si mañana me encuentras en la cocina preparando el desayuno... usando solo una de sus camisas y con esa sonrisa de mujer bien atendida.

















